Equilibrio

Equilibrio
A ser feliz, se aprende

lunes, 2 de abril de 2012

A mi bola

Un aparcamiento repleto que se queda casualmente con dos plazas libres consecutivas, y llega un coche y aparca en medio de las dos.

Una persona abusa de su estatus para dar unas concesiones municipales a un amigo a cambio de un favor.

Un autobús lleno y una persona pone su música muy alta.

Alguien aprovecha su cargo para inflar presupuestos y sacar tajada de ello.

Una persona se acerca a un contenedor de basura y sin mirar si está lleno o no, deja su basura al lado.

Un gran atasco y gente intentando meterse el primero, sin respetar la cola, y haciendo más grande el atasco.

Son ejemplos que se ven día a día. Unos en la calle y otros en los periódicos. Tienen en común mirar principalmente por uno mismo sin tener en cuenta el efecto generado en los demás. El alcance no es el mismo, obviamente y no se puede juzgar igual unos que otros, pero si tienen denominadores comunes. Lo que cambia es el alcance del impacto.

Aquí nadie está a salvo. Por lo menos, yo no. Y no se trata de dar lecciones morales sobre lo que debe hacer cada uno. Sólo pretendo reseñar como gran parte de lo que hacemos no acaba en nosotros, para bien y para mal. Si nos fijamos en cómo afectan nuestras acciones, probablemente, pensemos mejor si merecen hacerse o no.

El supuesto “beneficio” que sacamos empobrece lo que nos rodea. Volviendo a los ejemplos anteriores, esas acciones generan tensión, suciedad, estrés,  y otras, directamente, pobreza. Esto, aunque no lo pensemos, acaba volviendo  a nosotros, ya que otras veces seremos las victimas de otros que también miran por sí mismos. Con este tipo de acciones reforzamos la “mala” rueda. Es típico pensar “cómo todo el mundo lo hace… yo también”, dando más alimento a este tipo de comportamientos.

No es cuestión de salvar el mundo. Tampoco de mortificarse cada vez que uno lo hace mal. Sólo de ser más conscientes (esto ya es un gran avance) y de actuar en nuestro medio más inmediato y cercano (este sería un paso de gigante).

Lo malo se pega pero también hay que saber que lo bueno también.

Javier Gutiérrez Sanz
Psicólogo