Hay
una película clásica que se llama Esta
Es Mi Tierra, de Jean Renoir, donde se cuenta la ocupación nazi de un
pueblo europeo. En el colegio de ese pueblo hay un profesor maduro (Charles
Laughton) que vive con su madre, sobreprotegido e infantilizado por esta. No es
respetado, excepto por una compañera y por su director. Es ninguneado por sus
alumnos.lunes, 8 de abril de 2013
El ejemplo de los demás
Hay
una película clásica que se llama Esta
Es Mi Tierra, de Jean Renoir, donde se cuenta la ocupación nazi de un
pueblo europeo. En el colegio de ese pueblo hay un profesor maduro (Charles
Laughton) que vive con su madre, sobreprotegido e infantilizado por esta. No es
respetado, excepto por una compañera y por su director. Es ninguneado por sus
alumnos.
Él y
su madre viven ajenos a todo lo que ocurre. No les gusta la ocupación pero no
quieren problemas. A raíz de unos incidentes que le suceden a gente cercana se
generará un cambio profundo en sus ideas y en su comportamiento, llevándole a
un destino trágico pero admirable.
¡Qué
complicado es entender por qué se da un cambio!, a qué razones obedece, por qué
aparece en un momento y no en otros. A veces se da de manera voluntaria y otras
de forma inconsciente. Cambios deseados fervientemente y otros indeseados.
En
esta película, un personaje pusilánime se transforma en ejemplo para otros.
Saca lo mejor de sí cuando nadie (ni él mismo) lo espera. Parte de este cambio
viene por el ejemplo que da el director del colegio. Sin aspavientos ni
proclamas. Simplemente con su comportamiento remueve algo dentro del profesor
que le hará cambiar de actitud. Al final se intuye que el comportamiento nuevo
del profesor motivará a otros a actuar
de manera diferente, especialmente a sus alumnos.
¡Qué
importante es tener buenos modelos y más en estos tiempos! Hay que buscarlos
pero mientras podemos intentar ser nosotros ejemplos para otros. Simplemente
con nuestro quehacer cotidiano.
Javier
Gutiérrez Sanz
Psicólogo
Etiquetas:
cambio,
Charles Laughton,
comportamiento,
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modelos,
valor
lunes, 25 de febrero de 2013
Las palabras
De
ahí lo importante de conocer y manejar adecuadamente el lenguaje, aspecto que
cada vez se está quedando más abandonado y degradado. Pero eso es un tema para
un blog de otras características.
De
lo que quiero hablar es de cómo las palabras nos definen respecto a lo que
sentimos y pensamos acerca de nosotros mismos, y por ende, a como actuaremos.
Nos
definimos en cuanto como nos ven los demás y como nos vemos nosotros mismos en
una ligazón de eterno retorno.
Dice
Riikonen (1993) que hay palabras “vivas” y palabras “muertas”.
Las
palabras “muertas” limitan a la persona a una manera de ser y actuar, por lo
general, perjudicialmente. Así, los discursos sobre imposibilidad generan
incapacidad. Igualmente, los de “no cambio” llevan a definirse como una persona que jamás cambiará
haga lo que haga. Estos autodictados se suelen llevar a rajatabla, y son
autopredictivos. ¿Cómo va a cambiar alguien que cree que es imposible cambiar? Caería
en una grave contradicción. Esto le imposibilitará a intentar cosas nuevas.
Además es absurdo gastar energías en algo en lo que uno no cree que lleve a
ningún lado.
Como
decía antes, la visión externa de los demás y la propia van muy entrelazadas.
Por ejemplo, si una persona proyecta una imagen de descontrol que es refrendada
por una autoimagen similar, lo normal es que actúe como alguien sin control. La
gente que me rodea me lo confirmaría por mis actos, lo cual consolidaría mi propia
idea de que soy así, por lo que esperable es que siga actuando así, y crea que
soy así sin remedio.
Las
palabras “vivas” dejan puertas abiertas y dejan la posibilidad de cambio. La gente
que es proactiva, que no se vence fácilmente suele usar un lenguaje más
flexible y posibilista. Este discurso les hace intentar nuevas vías que pueden conducirles
a resultados deseados. Este lenguaje unido a la acción revierte en sus
emociones y en cómo se valoran a sí mismo.
Por
otro lado, ese lenguaje muerto se puede redefinir en algo no tan rígido. Así un
estado de decaimiento anímico se puede ver como un período de resistencia hasta
que las cosas estén mejor o se aclaren un poco. O una historia de imposibilidad
como una historia de búsqueda aún no concluida.
Nos
puede venir bien hacernos preguntas del tipo ¿Cómo es posible que aguantes
tanto tiempo así? ¿De dónde sacas esas fuerzas? ¿Con toda esa fuerza de
voluntad que otras cosas podrías hacer? ¿Ha habido alguna vez que las cosas
hayan sido distintas? ¿Qué hiciste para que fuese así? Etc.,
Este
tipo de lenguaje nos lleva a plantearnos excepciones en una manera de ver las
cosas de forma lineal y predeterminada. Estaríamos abriendo rendijas que
podrían llevar a cambios, y a romper esa pauta de (mala) autopredicción.
Javier
Gutiérrez Sanz
Psicólogo
Etiquetas:
autoconcepto,
cambio,
flexiblidad,
imposibilidad,
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palabras,
proactiva,
rigidez,
vivas
jueves, 24 de enero de 2013
La Competencia
Viendo Melancolía de Lars Von Trier, me llamó la atención como una persona puede aparecer como descontrolada, sin rumbo vital, al amparo total de la ayuda de su hermana, y al contrario, como esta misma, se conduce bien en su vida, y además se encarga totalmente de la primera. A bote pronto, una se muestra totalmente incompetente y la otra perfectamente competente.
En
la segunda parte de la película acontece una amenaza terrible de imposible solución.
La actitud de la hermana desvalida se transforma en profunda serenidad y
aceptación de lo que va a suceder. La
hermana competente pierde el control. Los papeles se invierten.
Creo
que la gente se muestra competente según el escenario en el que esté y cómo
valora sus capacidades acorde a esas demandas ambientales.
Me
parece que es importante potenciar esas habilidades y fortalezas que sí que se
dan, aunque sean pocas veces. ¿Por qué? Porque se pueden trasladar a otros
ámbitos, y así, expandir nuestra propia competencia. Además nuestra autoimagen
mejoraría y nos haría más fuertes ante los errores que podamos cometer.
Está
claro que hay campos en los que no somos buenos, e incluso nulos, pero hay
otros en los que hemos sido nosotros mismos los que nos hemos cerrado la
puerta, sin atrevernos siquiera a llamar a esta.
Desarrollar
más nuestra competencia puede servir para cruzar esa puerta que nos hemos
negado a atravesar, y así ampliar nuestra autoestima. Por otro lado, nos
protege de una crítica exagerada respecto a lo que no se nos da bien, haciendo
que nuestra imagen global no se vea dañada porque no seamos buenos en
determinadas cosas.
¿Qué
se nos da bien? ¿Por qué? ¿Qué hacemos para que sea así? ¿Es magia o nosotros
tenemos algo que ver?
Esta
puede ser una buena manera de empezar a desarrollar nuestra competencia.
Javier
Gutiérrez Sanz
Psicólogo
Etiquetas:
competencia,
fortalezas,
habilidades,
Lars Von Trier,
melancolía
domingo, 9 de diciembre de 2012
La Verdad
“Juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”
Esto lo hemos oído decir muchísimas veces. Creo que la mayoría estamos
de acuerdo en que decir la verdad es algo bueno y necesario para nosotros
mismos y para la relación con los demás. Genera confianza y predictibilidad.
Básicos para emprender algo.
“Tiene que haber sinceridad entre los dos"
Esta también la hemos escuchado/dicho muchas más veces aún. Todos (o
casi) estamos de acuerdo en ello. ¿Entonces por qué hay tantos reproches por el
incumplimiento de esta afirmación? ¿A qué se debe?
Si casi todos mienten en mayor o menor medida, ¿puede que la mentira
juegue un papel importante en nuestras vidas?
Me parece importante distinguir entre tipos de mentira, el grado, la
intencionalidad y el contexto. En una broma suele haber algo de enmascaramiento
y no tiene por qué ser malo. Tampoco es igual mentir acerca de un hecho
importante que sobre algo doméstico. Por supuesto no es lo mismo que haya
malicia detrás del engaño que buena intención (incluso si esta pueda llegar a
ser igualmente desastrosa). Igualmente hay contextos en donde la mentira
debería ser inadmisible, como en el ámbito científico, por ejemplo.
Otro apartado más delicado e intrincado es la mentira (en sus grados) a
uno mismo. Unas pueden ser útiles para superar una situación complicada e
incluso para sacar lo mejor de nosotros mismos, y otras pueden ser patológicas
y tremendamente nocivas.
Pero volvamos a la función “útil” que tienen las mentiras. Si uno se
para a pensarlo, hay una variedad amplísima de situaciones cotidianas en las
que la mentira “pequeña” facilita una buena convivencia entre las personas.
Desde el socorrido “Buenos días y gracias” hasta morderse la lengua sobre algo
por el posible efecto negativo en el que tenemos delante.
Una verdad continua, ciega y sin límites adecuados haría nuestra vida
muy dura y conflictiva. Esto no significa una defensa de la falacia. Creo que
hay que cogerle el punto justo. La verdad cruda por norma, hace el entorno más
hostil y susceptible,; por el contrario la mentira continua convierte nuestras vidas en un
teatro donde nada es creíble y honesto.
Yo, personalmente, ¿creo en la verdad? Por supuesto que sí. Pero en toda
y nada más que en la verdad, pues claramente no.
Voltaire comenta:
“La mentira es sólo un vicio cuando hace el mal; es una virtud
grandísima cuando hace el bien. Sed más virtuosos que nunca. Hay que mentir
como un diablo, no tímidamente, no por un tiempo, sino con audacia y siempre.
Mentid, amigos míos, mentid; cuando llegue la ocasión os lo devolveré”
Psicólogo
martes, 27 de noviembre de 2012
Nuestro ámbito de actuación es el siguiente:
Aún así,
nuestra especialidad son las personas.
Si deseas visitar nuestros currículums, http://www.atenpsi.es/Curriculum_psicologos.htm
Si deseas informarte sobre los servicios que ofrecemos, http://www.atenpsi.es/servicios.htm | ||
Nuestra filosofía de trabajo se basa en los siguientes pilares:
Servicio, profesionalidad, rigor, excelencia y respeto.
Las funciones básicas que un buen psicólogo debe cumplir son:
Escuchar, lanzar ideas, reflejar y acompañar.
A ser feliz, se aprende.
|
miércoles, 24 de octubre de 2012
Pero, ¿la gente cambia o no?
A menudo, en terapia los clientes se preguntan si es posible cambiar. O se quejan de que la gente de alrededor nunca cambiará.
Muchas
veces se viene con una cierta desesperación y resignación de “que soy (o son)
así, y esto nunca cambiará por mucho que lo intente”. Visto así, el panorama se
torna sombrío.
En
la terapia (y en la vida) se pueden dar dos tipos de cambio.
Uno
es cuantitativo o llamado de Primer Orden. Es el mismo que se da cuando ponemos
a calentar agua: sube de temperatura pero no hay ningún cambio molecular en el
agua.
El
otro es cualitativo o de 2º Orden. Siguiendo con el ejemplo anterior es cuando
el agua bulle y se convierte en gas.
En
las personas se pueden dar cambios de ambos tipos.
Muchas
veces el cambio de primer orden puede llevar
a que no demos con la solución adecuada a base de aplicar siempre la
misma solución al mismo problema, como un padre que sistemáticamente castiga a
su hijo cada vez que no hace algo bien, sin conseguir que el hijo mejore. Aunque también es cierto que muchas
propuestas no llegan a buen puerto porque no se insiste el tiempo necesario.
Para otro tipo de tareas es necesario, como mejorar una habilidad.
Los
cambios cualitativos producen modificaciones de más alcance, y para ello se
necesita hacer algo distinto (aunque a veces sea pequeño), como, siguiendo con
el ejemplo anterior, premiar al niño lo
que sí que hace bien, y no censurar cada una de las cosas que hace mal. Esto no
garantiza los objetivos deseados pero aumentan sus probabilidades.
Otro
aspecto curioso del cambio es el que hace referencia a las propias creencias
acerca de aquel: el hecho mismo de pensar que es imposible cambiar puede
condicionar poderosamente al no cambio, confirmando que, efectivamente es
imposible cambiar.
Hay
gente que dice que no cambia, que sigue siendo él mismo. Si uno mira atrás
(teniendo cierta edad) verá que su vida y su parecer sobre muchas cosas sí que
se han modificado, la mayoría lentamente. Es complicado darse cuenta de ello,
porque hay un hilo conductor que da coherencia a nuestra identidad y nos hace
reconocibles. Pero si uno mira como era cuando tenía 10,15, 20, 29, 40 años
verá que las cosas no son iguales en muchos aspectos.
Esto
es interesante porque hay personas que tienen miedo a cambiar no por ello
mismo, si no por la pérdida de identidad; de dejar de ser ellos. Y el caso es que
lleva cambiando toda la vida.
Nuestra
función es facilitar ese cambio deseado, adecuándonos al ritmo que la persona
necesita y pide, para que esas modificaciones se integren en el resto de la
vida del individuo.
Salvo
los cambios producidos por experiencias traumáticas o extremas, estamos
evolucionando continuamente. Se producen cambios en nuestro físico, en nuestras
ideas, en nuestro entorno. Si aceptamos eso, es probable que tengamos menos
obstáculos a la hora de estar mejor con nosotros mismos.
Javier
Gutiérrez Sanz
Psicólogo
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cambio,
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vida
martes, 26 de junio de 2012
Los archivos del fracaso y del éxito
A
lo largo de la vida, uno va acumulando experiencias de todo tipo. Según la
persona y sus circunstancias más o menos variadas.
Sin
darse cuenta, la persona va formando una historia de su trayecto vital, y
dentro de ésta, tiene un sitio reservado para unos archivos muy especiales. Los
archivos de éxito y los archivos del fracaso.
Prácticamente,
todos tenemos de los dos tipos. Dependiendo de lo que nos haya acontecido, uno
será más grande que el otro. Pero no sólo depende de lo que nos haya ocurrido,
sino de cómo hayamos interpretado y valorado esas experiencias para
almacenarlas en uno u otro archivo.
Se
dirá que una experiencia es buena o mala y punto, porque a la mayoría nos lo
parece así. Pero también es cierto que las mismas generan múltiples y diversas
conclusiones según quien las cuente. Así, una experiencia percibida generalmente
mala por casi todos, para alguien concreto se puede tornar en algo bueno con el
paso del tiempo, porque a la larga puede ser beneficioso y necesario para esa
persona. También ocurre lo contrario. De hecho, los archivos no son estáticos.
Hay,
aparte otro aspecto interesante. Y es el modo en como los consultamos. Una persona
que revisa con frecuencia los archivos del fracaso, y que se detiene mucho en
ellos, es probable que configure una historia personal de fracaso y que le
pueda condicionar a que la siga repitiendo, ya que, al fin y al cabo, es lo
que recibe de continuo.
Si
somos capaces de darles un uso adecuado, como aprender a sacar buenas
conclusiones de ambos archivos, no sobredimensionarlos, y saber cerrarlos, puede que nuestro futuro no se vea tan condicionado
por estos.
Javier
Gutiérrez Sanz
Psicólogo
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interpretación,
sucesos,
vital,
éxito
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